“El estar tranquila y el surf te hace lucir muy linda. Te quiero”.

Ese era el mensaje que leía de mi madre, quien siempre me recuerda que lo importante no está en el trabajo, que la vida es más que el 9 a 5 y las metas que nos imponemos. 

Pese a que heredé de ella el amor al mar, siempre me ha costado dejar de lado el trabajo y esto tuvo repercusiones en mi salud física y mental. El mal de mi generación es no poder desconectar. 

El cuerpo refleja lo que uno ignora. Después de regresar de un trabajo demandante, estuve unos meses tranquila en la playa hasta que llegó el COVID; cuarentena y un trabajo demandante, proyectos que se sentían como una ola gigante para un principiante. 

Empecé el año cómo alguien que sale a la orilla después de un wipeout: aturdida, nada clara y con ganas de descansar, pero con una meta clara; jugar y descansar eran mis prioridades.

Al poco tiempo de volver al agua, mi cuerpo al que tanto daño le he hecho escuchando comentarios tontos de otros, tratando de cambiarlo, me agradeció. Me sentía más fuerte, más ágil. Mientras mi cuerpo me permite surfear, el surf me regala la posibilidad de hacer las paces con mi cuerpo mientras me desligo de la cultura tóxica de dietas a las que estuve sujeta por años y que aún me lastima. 

Me doy cuenta que lo que menos importa en el agua es mi cuerpo… todos estamos concentrados en la ola, en el mar. La atención se va hacia lo práctico del wetsuit o el bikini, si puedo moverme con facilidad… si puedo remar más rápido y si puedo correr una ola más grande. 

Mientras más tiempo paso en el agua, más cómoda me siento con un bikini. 

El surf, además de ayudar a tu cuerpo a liberar endorfinas, da una sensación de fuerza. El adaptarse a la naturaleza, a las condiciones y saber correr una ola es una sensación maravillosa. 

cuerpo
@texturedwaves by @nick_lavecchia

Cuando retomé mis clases de surf, uno de mis instructores estaba feliz con mi progreso logrado y me dijo “Caro, la fuerza la tienes, solo es cuestión de práctica.” 

El hecho de que mi cuerpo me permita mantener el balance en una tabla que se desliza por el mar, es algo maravilloso cuando lo pienso, después de salir del mar. 

Esa fuerza que me brinda mi cuerpo es más poderosa que cualquier crítica a cómo me queda cierta ropa o si he subido de peso o no, algo que lamentablemente es una señal de lo tóxica que puede ser nuestra sociedad. En el mar no escucho eso, es secundario.

Mi mamá tenía razón. Me siento más linda, más tranquila y más poderosa. Porque agradezco a mi cuerpo por lo maravilloso que es al permitirme surfear y agradezco al surf por demostrarme lo fuerte que soy. 

Happy Surfing,

Carolina.

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