Tuve el privilegio de hacer surf en las Islas Galápagos. Fue mi primera ola grande, y una bien grande!

Llevaba un año surfeando y puedo decir que ya sabía correr olas pequeñas.

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Llegué a San Cristóbal, Galápagos con miedo. Literal. No respeto (como hablo en este post), era miedo.
Sabía que los spots de surf eran más difíciles a los que yo estaba acostumbrada y familiarizada, sumándole el miedo a los lobos marinos, focas y peces gigantes que pasaban por debajo de la tabla y entre mis pies. Los tiburones eran los que menos me preocupaban en ese momento, de hecho prefería ir a bucear con ellos que surfear esa ola grande.
Podés leer sobre el miedo a los tiburones y cuando nadé con ellos, acá.

Paréntesis: Galápagos es un paraíso de fauna y naturaleza. Tenés que ir.

Ese fin de semana hubo un oleaje grande en hawaii y en Ecuador estaban todos como locos, porque eso significaba que en 3 días ese oleaje estaría llegando al Ecuador. (Eso pasa con oleajes del norte, en temporada de diciembre a mayo aproximadamente).

– Qué bonito, pensaba yo.
– Sumado a todos los factores que ya me dan miedo en Galápagos, se viene un oleaje grande de Hawaii. Cheverísimo! 

El spot al que entré a surfear se llama cañon point. No quiero ni saber por qué se llama así.
Ésta es la foto:

surf en las islas galápagos
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La entrada:

Este spot tiene fondo de rocas. Para entrar, tuve que bajar por las rocas super resbaladizas, tratando de no romperme el dedo chiquito del pie y no romper la tabla alquilada que llevaba.

Luego, caminé entre las rocas y seguí avanzando hasta que el agua me llegaba hasta el ombligo.
Miré si no venía ninguna ola pronta a devolverme de culo a las rocas, y me lancé arriba de la tabla y remé por mi vida.
Tratando de llegar al line up antes de que venga la serie.

Uff.. solo de escribirlo recuerdo como fue y se me achicharra el estómago. 
– Qué stress, pensaba.
– Madre mía, quién me manda a hacer esto, para qué quiero surfear acá, con miedo, peligro, ganas de llorar.

¿Te has hecho esa pregunta alguna vez? Estoy segura que si. Nosotras sufrimos, pero seguimos surfeando.

Me concentré y lo único que pensaba en ese momento, de panza en la tabla, era en remar con todas mis fuerzas, mientras inhalaba y exhalaba para no perder ritmo y para que siga llegando oxígeno a mi cerebro, antes de que se me apague, del cagazo que tenía.

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El Line up:

Llegué al line up, éramos unos 5-6 nada más. Oh, yeah!
Todos hombres, obviamente, y con un nivel avanzado de Surf.

– No importa, pensaba. Acá entre los 5 me rescatan. (?)

El chico que me alquiló la tabla y dueño de una escuela de surf me iba a ayudar a ubicarme bien, a no morir, a apartarme cuando no me sienta lista y a surfear la ola finalmente.

En esos momentos me olvidé completamente de los animales, lobos marinos, etc.
No tenía tiempo para ese miedo.

Las series que estaban saliendo eran tan grandes, que yo solo miraba hacia arriba, esos muros de agua, y remando muy fuerte los pasaba con las justas para el otro lado.

surf en las islas galápagos

Estaba arrepentida de haber entrado.
¿Y cómo salir de ahí? No sabía por donde era la salida.
Me habían dicho que era por otro lado, y no había manera de salir por donde entré, a menos que quiera estamparme contra las rocas, ya que era marea media-alta.

Salir no era opción.

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Fui prestando atención a cómo funcionaba el spot, y pude ver que mar adentro había un islote. Desde donde estábamos se veía una espuma blanca que reventaba contra dicho islote, y eso significaba que en un minuto o menos entraría la serie en nuestro spot.

Cada vez que veía esa espuma a lo lejos empezaba a remar hasta una zona a salvo.
El profe me decía: -¡Rema hacia allá! Así que hacia allá iba, huyendo de esas paredes de agua.
También me decía que vuelva y que agarre una ola, pero yo le decía: -no, esa es muy grande. No me animo.

En algunas series salían unas olas medianas (comparadas con los monstruos que estaban saliendo), y yo trataba de convencerme a mi misma: – Una de esas es para mí.
Estuve así casi 2 horas, sin agarrar ninguna ola. Por miedo.
Cuando ya estaba por atardecer pensé:
– No puede ser. Ya nos vamos, tengo que agarrar una ola.
Así que esperé, me puse en el pico, con el profe al lado y me dijo:
-Ésta que viene es la tuya.

Me dio un empujoncito en la tabla, remé con todas mis fuerzas, no miré para atrás, y cuando casi me paro, me resbalo y… boom!

El wipe out no fue tan terrible, la verdad. Había mucha agua, era como un colchón de agua.

Eso me dio un poco de tranquilidad. Vamos por otra.

Me puse en el pico, venía una ola, el profe me insistía que esa era. Le dije que no, que esa me daba miedo.

Venía otra. Ésta es! me dijo.

-Ok, dije yo.

Me dio un empujón, remé fuerte, con seguridad y me paré.

Wohoooooo!

Indescriptible.

Ahí iba yo, en mi ola limpia, mirando esa rampa transparente-turquesa, podía ver el fondo de rocas y peces. Y se paró el mundo para mi.

Miré hacia un lado y vi la pared de la ola que era más alta que yo.
La surfee lo más que pude, hasta que ya estaba muy cerca de las rocas y me bajé de la ola, por la parte limpia, invicta y festejando.

Fue increíble, me olvidé de todos los miedos, ni si quiera me fijé si venía otra serie atrás, nada.

Me dijeron que, cuando la remé y me fui en la ola, me perdieron de vista. Que pensaron que me había caído.

Pero es que yo estaba en la sombra de esa ola grandísima! Qué maravilla.

Bueno listo, todos cansados de agarrar muchas olas y al fin, la única sirena del grupo logró agarrar su ola de la tarde, y qué ola!, ya podemos irnos.

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La salida:

Para salir había que remar hasta una bahía, que quedaba bastante lejos, no podría decir en metros cuánto, pero lejísimo. Remamos como 10 minutos, los brazos me ardían y dolían.

Había que esquivar rocas y arrecifes, y cuando finalmente estábamos cerca de la bahía, resultó ser la bahía de los lobos marinos. Bueno, en Galápagos los lobos marinos son los dueños de todo. Están en todos lados.
¿Cómo salir por una playa en la que habitan más de 500 lobos marinos? Mamás lobo, con lobitos bebé y papás lobos con dientes muy grandes y territoriales machos alfa.
En Galápagos vas a ver que muchos lobos son amigables, nadan cerca tuyo, te persiguen en la playa para jugar, sobre todos los bebés. Son como perritos que quieren jugar.

Los que inhiben son los papás, y ese era mi miedo. Es normal que quieran defender a sus familias, y teníamos que pasar al lado de ellos.
Pensé que nos íbamos a tener que quedar durmiendo en las tablas, ahí flotando a 200 metros de la orilla. Bueno, durmiendo ni modo.
En un momento vimos que 2 personas que parecían locales, o que estaban más acostumbradas al entorno lobístico que nosotros, estaban acercándose a la playa con un kayak y pasaron por al lado de todos los lobos.

Ahora!!! Dije yo.
-Vamos, que si ellos pasan, nosotros pasamos al mismo tiempo! JAJAJA (Si nos atacan, que nos ataquen a todos?)

Así que remamos como locos, pasamos por al lado de los del kayak, que nos saludaron contentos y nosotros pisamos arena firme, agarramos nuestras tablas y corrimos por la playa vigilando nuestras espaldas hasta llegar a la calle principal. 

Vivitos y coleando!

Foto que logré capturar al salir del agua:


Que buena sensación de estar viva y encima haber surfeado la mejor ola de mi vida hasta ese momento.

Más viva que nunca.

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Después de haber surfeado en Galápagos volví a Ecuador mucho más segura, con más valentía a la hora de meterme al agua.

De eso se trata el Surf, de eso se trata la vida.

Ir superando miedos, para lanzarnos en nuevas aventuras, que nos llenen el cuerpo, que nos empoderen y nos hagan sentir más sirenas que nunca.

Cada día que pasa, cada miedo que supero, me siento más un pez en el agua.
Me siento que pertenezco más al océano y que no puedo vivir sin él. ♥

Iva.

5 Comments

  1. Genia amiga!!hasta me da ganas de aprender!!!.
    Se me pone la piel de gallina de la emoción.Me encantó la historia!!,se siente la pasión por las olas, sirena.
    Abrazo grande!!

  2. Que linda experiencia Iva, te leía y se me iba inundando el corazón de orgullo por vos amiga! Me pone tan contenta de que hayas encontrado un camino que te llene tanto de felicidad, realización y que te permite crecer tanto 💕 sos todo lo que está bien ☺️

  3. Me emocioné mucho al ir leyendo tu historia, ¡¡¡que experiencia más copada querida!!! Me hiciste sentir que yo misma lo vivía.
    Felicitaciones Iva hermosa

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